Quiero ser dominicano
Oct30

Quiero ser dominicano

Un agrupamiento de gente puebla el oriente de una isla quebrada en dos; se llaman dominicanos. Habitantes de un trozo insular tricolor, y no por los tonos de su bandera, sino por los tres submundos enredados en sus vísceras: los de arriba, los del medio y el gran sedimento social, existencias tan superpuestas como desconectadas. Clubes de polo, yates, marinas y villas de unos pocos compiten arrogantemente con el polvo, el hambre y la...

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El lado oscuro de la modernidad
Oct30

El lado oscuro de la modernidad

    Una mirada aérea a la ciudad de Santo Domingo nos confunde. Repentinamente nos imaginamos sobrevolar sobre una ciudad brasileña o del sur de la Florida. Esa impresión se desvanece cuando desplazamos la vista hacia el cinturón periférico del llamado polígono central, atiborrado de casuchas amontonadas. El cielo de la gran ciudad es asaltado por un promontorio de torres que compiten en altura y modernidad. La anatomía de la...

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No quiero más drogas
Oct30

No quiero más drogas

La vida dominicana es un tejido de vivencias bordado con los retazos de la cotidianidad. Nuestra rutina se nutre de las contingencias del tiempo. Rodamos sobre el presente sin un mapa de ruta que nos permita saber hacia dónde nos dirigimos. Planificar el futuro es una pérdida de tiempo cuando apenas podemos lidiar con la subsistencia de cada día. Bajo ese pretexto en mano legitimamos nuestras imprevisiones, improvisaciones y...

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Si fuera valiente…
Oct30

Si fuera valiente…

Vivir en una sociedad insegura, avasallada y temerosa provoca frustraciones.  Una de ellas es tener que acomodarse a la dejadez, renunciar a la franqueza, perder la espontaneidad, tragar el encono, disimular la risa, medir los pasos y calcular los juicios.  La convivencia normal supone aceptar lo que nos impongan, masticar las palabras, repicar las sandeces, consentir los agravios, rumiar los vómitos, disfrutar las vejaciones, adular...

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Una sociedad soñolienta
Oct30

Una sociedad soñolienta

El país se consume. Eso es preocupante, pero no parece. Fuera de los petardos avivados por la “sentencia patriótica” del antihaitianismo nacional, la sociedad languidece a los pies de la apatía. No hay asombro, bochorno ni pavor. Nos estamos acostumbrando a la sangre, al robo y a la mediocridad sin reproches ni culpas. Cada quien se resguarda en su escondrijo cerrando ojos y oídos a la lenta muerte de la esperanza. La nuestra es una...

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